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Ser madre de un hijo con autismo: entre el reto y el amor

Una reflexión profesional y humana sobre el diagnóstico, el duelo y la fortaleza que emerge cuando el amor aprende a transformarse.


Comprender el autismo: más allá del diagnóstico

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que se manifiesta desde la infancia y se caracteriza por diferencias en la comunicación social, patrones de comportamiento repetitivos o intereses restringidos, así como particularidades en el procesamiento sensorial.

Se denomina “espectro” porque no existe una única forma de autismo: cada niño o niña presenta características, fortalezas y niveles de apoyo distintos.

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente 1 de cada 100 niños presenta un trastorno del espectro autista. Esta cifra confirma que el autismo no es una condición aislada, sino una realidad presente en múltiples contextos familiares y educativos.

En Costa Rica, aunque no se cuenta con datos epidemiológicos nacionales consolidados sobre prevalencia, los servicios de salud y educación han reportado un aumento en la identificación de niños dentro del espectro, lo que evidencia la creciente necesidad de fortalecer los sistemas de apoyo y acompañamiento a las familias.

El diagnóstico no define a la persona.Pero sí abre una nueva forma de comprender su manera de percibir y relacionarse con el mundo.


Cuando el corazón presiente que algo no encaja

Antes del diagnóstico formal, muchas madres y padres atraviesan una etapa silenciosa: la sospecha.

“No señala.”“No responde a su nombre.”“Evita el contacto visual.”“Algo es diferente.”

Aunque familiares o conocidos intenten tranquilizar con buena intención, la intuición parental suele ser uno de los primeros indicadores de posibles diferencias en el desarrollo. Expresiones como “dele tiempo al niño” o “todo eso es normal” buscan aliviar la preocupación; sin embargo, pueden retrasar la búsqueda de orientación profesional cuando existen señales de alerta.

Escuchar esa intuición no es exagerar.Es ejercer una forma profunda de cuidado.

La detección temprana permite iniciar procesos de valoración interdisciplinaria e intervención oportuna, favoreciendo mejores oportunidades de desarrollo.

 

El duelo que acompaña al diagnóstico

Recibir el diagnóstico de TEA moviliza profundamente.No porque el hijo cambie, sino porque cambian las expectativas.

Muchas familias atraviesan un proceso similar al duelo: negación, tristeza, enojo, miedo al futuro. Se trata de una reorganización emocional ante la ruptura del ideal imaginado.

Este duelo no significa falta de amor.Significa adaptación interna.

En consulta he acompañado a madres que lloran no por su hijo, sino por el temor a que el mundo no lo comprenda. Ese miedo es legítimo. Necesita validación, contención psicológica y redes de apoyo sólidas.

Cuando el apoyo familiar es escaso, algunas madres pueden experimentar la sensación de estar solas frente a un sistema que no siempre responde con la rapidez ni la sensibilidad esperada. Esa percepción de aislamiento incrementa la carga emocional que ya implica el diagnóstico.

Aceptar no ocurre en un día. Es un proceso. Cada familia lo transita a su manera. La negación puede manifestarse minimizando señales o postergando valoraciones; sin embargo, cuando el acompañamiento profesional se integra tempranamente, se facilita el acceso a apoyos que favorecen el desarrollo integral del niño.

Aceptar no significa resignarse.Significa comprender para poder actuar.






¿Qué hacer después del diagnóstico?

El diagnóstico no es un punto final; es un punto de partida.

Algunas acciones clave incluyen:

  • Buscar orientación profesional interdisciplinaria, según cada caso (psicología, terapia ocupacional, terapia de lenguaje, neuropediatría).

  • Informarse y capacitarse desde fuentes confiables para comprender cómo se manifiesta el espectro en el propio hijo: sus fortalezas, desafíos y necesidades específicas.

  • Priorizar la intervención temprana, cuando sea necesaria.

  • Acompañar el desarrollo emocional, no solo el conductual.

  • Cuidar la salud mental de los cuidadores.

  • Adaptar el entorno sin excluir. Realizar ajustes razonables en casa, escuela y espacios sociales para responder a necesidades sensoriales o comunicativas, sin limitar la participación del niño.

Es fundamental comprender que cada niño tiene su propio ritmo y potencial. El objetivo no es “normalizar”, sino potenciar habilidades, favorecer autonomía y fortalecer calidad de vida.

Y algo esencial: no recorrer el camino en soledad.


La salud mental de quienes cuidan: una realidad poco visibilizada

Cuando un hijo recibe un diagnóstico de TEA, la atención suele centrarse con razón en sus necesidades terapéuticas y educativas. Sin embargo, el impacto emocional en los padres, especialmente en las madres, muchas veces queda en segundo plano.

Muchas mujeres trabajan tiempo completo, coordinan citas médicas, gestionan procesos terapéuticos, acompañan tareas escolares y sostienen la dinámica del hogar. Esta multiplicidad de roles puede generar:

  • Fatiga crónica

  • Ansiedad

  • Sentimientos de culpa

  • Aislamiento social

  • Dificultades para el autocuidado

Diversas investigaciones han evidenciado que el estrés parental en familias con hijos dentro del espectro puede ser significativamente mayor en comparación con padres de niños sin esta condición, particularmente cuando existen barreras sociales o falta de apoyo institucional (Hayes & Watson, 2013).

Cuidar también implica aprender a cuidarse.Una madre emocionalmente sostenida tiene mayor capacidad para sostener.

Reconocer esta carga no es debilidad; es humanizar la experiencia.


El contexto en Costa Rica: avances y desafíos

En Costa Rica se han impulsado en los últimos años esfuerzos orientados a la inclusión educativa y al reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad. Existe mayor visibilización del autismo y marcos normativos que respaldan la inclusión.

Sin embargo, la experiencia cotidiana de muchas familias aún refleja desafíos:

  • Listas de espera prolongadas

  • Desigualdad en acceso a servicios especializados

  • Sobrecarga económica en procesos terapéuticos

  • Centros educativos con recursos limitados

  • Escasa sensibilización social ante crisis sensoriales

El cambio estructural avanza, pero no siempre al ritmo que las familias necesitan.

Por ello, además de políticas públicas, se requiere una transformación cultural: más empatía, más información y menos juicio.


Una maternidad atravesada por el amor y la fortaleza

Ser madre de un hijo con autismo implica aprender un lenguaje nuevo, desarrollar paciencia profunda y convertirse, muchas veces, en defensora constante de derechos.

Implica celebrar pequeños grandes logros.Reconfigurar rutinas.Explicar una y otra vez.Sostener incluso cuando el cansancio pesa.

Pero también implica descubrir formas únicas de conexión, sensibilidad y autenticidad.

El autismo no anula el amor.Lo transforma.Lo expande.

Y ninguna madre debería transitar este camino sintiéndose sola o incomprendida.

Detrás de cada niño dentro del espectro hay una historia de entrega, adaptación y fortaleza. Como sociedad, nuestra tarea no es juzgar, sino acompañar. No es señalar diferencias, sino construir entornos más comprensivos e inclusivos.

Porque cuando acompañamos con empatía, no solo apoyamos a una familia.Fortalecemos el tejido humano que nos sostiene a todos.

Ser madre de un hijo con autismo no es una historia de carencia, es una historia de transformación. Es aprender a mirar el desarrollo desde otra perspectiva, a sostener con paciencia y a defender con firmeza. Pero ninguna madre o padre debería hacerlo solo. La verdadera inclusión comienza cuando la sociedad deja de observar desde la distancia y decide acompañar con información, respeto y empatía.


Este artículo nace también de la experiencia y fortaleza de Patricia Quesada, madre y colega, a quien agradezco profundamente su inspiración.


Lic. Stephanie Delgado Vargas

 

Referencias Bibliográficas

Organización Mundial de la Salud. (2023). Autism spectrum disorders. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/autism-spectrum-disorders

Hayes, S. A., & Watson, S. L. (2013). The impact of parenting stress: A meta-analysis of studies comparing the experience of parenting stress in parents of children with and without autism spectrum disorder. Journal of Autism and Developmental Disorders, 43(3), 629–642. https://doi.org/10.1007/s10803-012-1604-y

Ministerio de Educación Pública. (s.f.). Lineamientos para la educación inclusiva en Costa Rica. https://www.mep.go.cr

 

 
 
 

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